viernes, 31 de octubre de 2014

COMPETENCIAS: La influencia posmoderna en la educación

Les dejó el ensayo con el que gané el primer lugar del II Concurso de Ensayo Filosófico (2013) organizado por el Observatorio Filosófico de Morelos 


COMPETENCIAS

LA INFLUENCIA POSMODERNA EN LA EDUCACIÓN



¡Baje de peso en dos semanas! Dice el comercial de televisión, ¡Yogurt bajo en grasa! Grita el slogan mercadotécnico, ¡licenciaturas en dos años y medio! En una universidad de “prestigio”, ¡Gane más en menos tiempo y con menos esfuerzo! Pregona un anuncio en blanco y negro pegado en un poste. No hay que ir muy lejos para encontrar las características de la época que nos ha tocado vivir. En efecto, la mayor parte de anuncios propagandísticos llevan en sí mismos la marca de las estructuras socioeconómicas, políticas y culturales de la posmodernidad.


La palabra Light (Rojas, 1992) podría muy fácilmente resumir toda la problemática que hay detrás de la posmodernidad, de hecho, en ella se encuentra todo el meollo de asunto al grado de poder escribirse libros enteros sobre ello, cosa que sobrepasa los objetivos del presente trabajo. Basta decir vida posmoderna es Light, es decir: vacía, sin sustancia, sin grandes ideales, apegada al “aquí y ahora”, materialista y consumista al extremo, lo Express e inmediato es la ley; la utilidad, la medida de todas las cosas… y personas; lo subjetivo, individual, transitorio y desechable lo más loable, mientras que lo objetivo, comunitario, permanente e imperecedero lo más detestable que se pueda hallar; tantito peor si se habla de la verdad. ¡No! lo que cuenta no es la verdad, palabra incomoda por cierto, sino la opinión: No hay hechos, solo interpretaciones declaraba Nietzsche. Tal vez por eso no es de extrañar que ante el hastío, rutina y vacuidad de la realidad se busque ahora el vivir la virtualidad, aquél mundo fantástico donde uno no tiene que preocuparse por ser uno mismo porque puede ser lo que quiera…o al menos lo que el programa le invita y limita a ser: De la persona real al avatar virtual.

Esta actitud de huir a lo real responde al mismo sistema capitalista neoliberal vigente. Fromm (2000) hace un análisis corto pero contundente sobre nuestros tiempos al observar que el capitalismo moderno requiere hombres que cooperen mansamente y en gran numero pero que a la vez se sientan libres e independientes, no sometidos a ninguna autoridad, principio o conciencia moral pero con disposición para ser manejados y hacer lo que se espera de ellos para encajar en la maquinaria social de manera que terminan por ser seres enajenados de si mismos, de sus semejantes y de la naturaleza misma. Por lo mismo, aún estando con otros, se sienten solo. Para aliviar dicha soledad, la civilización moderna ha usado la rutina laboral, pero, al ser insuficiente ésta, inconscientemente busca sobreponerse a su desesperación mediante la rutina de la diversión. El Facebook, Twitter, juegos de video y smartphone  y tablets han acrecentado, de hecho, este fenómeno. Por lo mismo, no es raro encontrar que muchos jóvenes (e incluso adultos), al final de su horario escolar o laboral, lo primero que hacen es encender la computadora y entrar a su cuenta de Facebook o Twitter, llegando incluso a sentirlo como una necesidad inaplazable (Pretelín, 2012). Efectivamente, en las redes sociales lo más in del momento lo es solo por un instante, la noticia del siglo dura solo segundos, a lo máximo unas cuantas horas. Mi pensar, sentir o querer se encierra en 140 caracteres del Twitter; el éxito se mide por el número de seguidores o likes a una publicación, no tener un me gusta significa la muerte, no existir para el mundo; igual da decir un pensamiento profundo que cualquier comentario tarugo, de hecho, recibirá mas likes el segundo…it’s a true story. ¿Libertad de pensamiento? ¡Que va! Eso es cosa del siglo pasado, ¡arriba el libertinaje de pensamiento!...o su vómito. Antes no saber escribir era sinónimo de analfabetismo ahora es señal de la alta cultura digital, oso sino no sabes que OMG significa Oh, my God.


En resumen, la vida Light de la época posmoderna esta caracterizada por el consumismo, materialismo y utilitarismo fruto del sistema capitalista neoliberal. La rutina de la cotidianidad bajo esta forma produce angustia, angustia que muchos tratan de evadir viviendo una vida virtual y para lo cual las redes sociales tienen un papel no pequeño en este proceso de enajenación. Casi tiene razón Sartre cuando hablaba de la náusea. En fin, en muy pocas palabras: Este es el mundo que nos tocó vivir. Efectivamente, la filosofía de la época -esta filosofía que se nutre de la cotidianeidad y del pensamiento académico- es algo que influye y condiciona toda la vida humana en un contexto histórico-social (Yurén, 2011), esto es innegable si se parte del hecho de que la persona humana es integral: un ser individual, social, político, religioso, económico, simbólico, etc., alma y cuerpo en unión consustancial. Con esto nos alejamos de los reduccionismos materialistas, positivistas, espiritualistas y racionalistas.


Es importante recalcar que la filosofía de la época se nutre de la cotidianeidad, más si se deja ver que la cotidianidad se ve reflejada en este alejamiento de lo real por lo virtual y del triunfo del utilitarismo, materialismo y consumismo como valores supremos de la época posmoderna dejando ante sí solamente el vació y anhelo por lo realmente humano: la necesidad de trascendencia y unidad en el amor (Fromm, 2000)


Es importante el alejamiento con los reduccionismos ya mencionados ya que a lo largo de la historia moderna y contemporánea son los que han influido sobre la humanidad con sus nefastas consecuencias. El hecho de que llamemos posmodernidad a la época actual indica en realidad la época contra la que se ha sublevado la actual generación: La modernidad. Aquella modernidad que llevó a endiosar a la razón y a la ciencia hasta el punto de casi suprimir a ser humano. El iluminismo que una vez pensó engrandecer al Hombre terminó por degradarlo y traer tras de sí una insatisfacción tal que ahora se habla del fin de los relatos. El papel de la educación en este proceso no puede minusvalorarse pues realmente ha sido a través de ella que estos puntos de vista se enraizaron en la conciencia de la humanidad dando por resultado a este vació existencial y a al imperio del escepticismo y relativismo. Si Ortega y Gasset hablaba de la deshumanización del arte, nosotros podemos hablar de la deshumanización del hombre. No olvidemos lo mucho que el Ateneo de la Juventud luchó, en su tiempo, por desterrar el positivismo del pensamiento mexicano y las razones que lo llevaron a ello.


En síntesis, la educación misma no está exenta de la influencia de dicha corriente que por un lado deja una enorme insatisfacción existencial y por el otro perpetúa muchas condiciones sociales injustas propias de un sistema capitalista neoliberal so excusa de progreso y desarrollo de los países donde se ha ido implantando. Al respecto, es necesario saber que todo programa educativo deja ver en sus valores, fines y objetivos la condicionante del su contexto histórico-social, económico, político y cultural y, por tanto, sus límites o más aún: los intereses de fondo. A lo largo de la historia de México se ha pasado por una serie de proyectos educativos y reformas que, al menos en teoría, buscaba el progreso y desarrollo de la Nación utilizando como vehiculo la educación. Así tenemos que previo y tras el logro de la Independencia el proyecto educativo ilustrado promulgaba la autonomía como criterio axiológico de la educación. Dicha autonomía se traducía en libertad e igualdad fundadas en la ley; sin embargo, la igualdad era entendida, según el contexto en que se usó, como igualdad legal y no como equidad por lo que en realidad más que promover la vida digna de todos, especialmente la clase trabajadora y campesina, terminó por colocar los gérmenes del orden capitalista dependiente que procedería de dicha etapa y cuyo proyecto, el civilizatorio, usó la civilización como criterio axiológico. Desafortunadamente, la civilización se interpretó como la eliminación de las formas de pensamiento “nefastas”, es decir, la religión y tradiciones (y en general todo lo que tuviera raíces “metafísicas” o, en términos un poco más izquierdistas contemporáneas, “retrogradas”); y significaba la realización del sistema capitalista que tenía por base real la explotación de las clases populares.


No fue mejor el proyecto que continua al anterior. En efecto, con la entrada del positivismo los valores que movían la educación, siempre manejados a beneficio de los grupos en el poder, cambiaron nuevamente ahora bajo los criterios de orden y progreso. Dicho orden terminó por significar la inamovilidad social, la libertad tenía que subordinarse a dicho valor y, en su mentalidad, la libertad era consecuencia del orden. El concepto de progreso no tuvo mejor fortuna, de hecho, progreso significó la eliminación de la mente de los mexicanos de todo el sentido cultural “retrogrado” (culturas autóctonas y religión) para elevarlos a lo moderno (validez absoluta de la ciencia y cultura al estilo de los urbes europeas). México, para ser una nación moderna tenía que romper con su pasado y dejar de ser él para transformarse en lo que las demás naciones querían que fuera. Los tres proyectos educativos anteriores usaron la educación con el fin de romper con el pasado y, a partir de ahí, comenzar de cero hacia una modernización dependiente del extranjero y que busca mantener el orden de dominación. Con el triunfo de la Reforma y el positivismo se llegó a una triple negación: del pasado indígena, la de la herencia española y la del catolicismo como diría Octavio Paz. Al respecto, André Frossard nos recuerda que la civilización se construye gracias a las aportaciones de las generaciones antecesoras mientras que la incivilización comienza cuando se rechaza lo dado por los que nos precedieron y se trata de comenzar de un cambio absoluto sobre los escombros del pasado, esto es: la negación la tradición (Navarro, 2007)
Tras estos proyectos, siguieron un intento de educación socialista, el modelo desarrollista y otros que van más allá de los objetivos de este ensayo, baste decir que todos estos proyectos sacrificaban al hombre concreto y presente por un Moloc del futuro cuya realización es dudosa y difícil (esto aplica tanto para el modelo socialista como para el desarrollista capitalista). Al final ganó el proyecto desarrollista que a su vez puso las bases del sistema vigente hoy en día basado en las competencias. El modelo desarrollista, como el actual modelo por competencias, subordina la educación al valor económico; por ello, consideraba que el desarrollo real se lograba al fortalecer la inversión de las empresas transnacionales en el país para lo cual era necesario que hubiera mano de obra capacitada y, efectivamente, con dicho proyecto se logró  elevar la instrucción promedio de la población pero dejó intacto su estatus económico y no modificó las relaciones de dominación respondiendo más bien al imperialismo estadounidense (Yurén, 2011, p. 212)

Ahora bien, el actual proyecto educativo, basado en competencias, es continuidad del modelo desarrollista y, a su vez, lleva en sí la impronta de la cultura posmoderna. Dicha afirmación no es exagerada. Esto se entiende si se tienen en cuenta las características del contexto histórico en el que vivimos y que se mencionaron al principio de este ensayo, esto es, el pensamiento débil –como lo llama Vattimo- y el capitalismo neoliberal. Naturalmente,  el neoliberalismo requiere, como reflexionaba Fromm (2000), de hombres capaces de ser creativos, a la altura de las exigencias del mercado y sometidos al mismo -para lo cual las evaluaciones vienen a ser el test de medición y control de las habilidades o competencias de las personas- pero que a su vez se sienta libre y único, diferente de los demás y sin otro patrón que él mismo. Dicha situación ha sido magnificada y hasta promovida por la cultura posmoderna. Esto es indudable si se considera que la posmodernidad al promover un ser humano y sociedad sin ideales trascendentales y absolutos, cuya inteligencia es considera limitada, fragmentada y débil; donde la vida, al no tener un fin más allá de la existencia inmediata, es considerada únicamente en su aquí y ahora, y cuyo valor -por ende- está limitado a lo presente, palpable, material por más que no llene el sentido de la existencia humana. En consecuencia, el pensamiento se fragmenta tanto a nivel individual como social, de lo cual el Twitter y el Facebook son pruebas; se vuelca a la sociedad hacia el consumismo al poner en lo económico y placentero el valor supremo de una vida carente de sentido; se enajena al hombre de sus verdadera necesidades y se le adormece de su deseo de trascendencia y de sus necesidades reales con ayuda de la publicidad y el bombardeo constante de dichos valores; el pensamiento pierde profundidad, la enorme velocidad con la que la información se produce y reproduce conduce a la poca reflexión de la misma, a la incapacidad de hilarla en un sentido lógico, coherente e integral y a ciencias cada vez más fragmentadas y necesitadas del auxilio y ayuda de unas con otras. El modelo educativo por competencias reproduce cada uno de estos puntos: Ante la perdida de la confianza en la razón humana y en unión con la rapidez con la que los conocimientos se producen y se superan, se promueve la insatisfacción del escepticismo constante y del relativismo a la vez de la necesidad de tener que educar a la persona en la capacidad de manejarla más que en el contenido de la misma, y, por supuesto, esto significa que no siempre se razona ni reflexionan los datos dados; se ha sacrificado el contenido del conocimiento a favor de la forma de conocer, cosa peligrosa pues se presta a la manipulación ya que lo formal, para servir, tiene que alimentarse del un contenido, pero si dicho contenido es irrelevante, caduco y, encima de todo esto, dosificado a lo mínimo (como los actuales programas escolares) so excusa de motivar el aprendizaje personal y de manera natural, es de entenderse que cualquiera pueda manipular la educación para sus fines, pues quien controle la información controlará la forma de pensar, y esto es lo que manejan los jerarcas neoliberales de los países desarrollados.


Igualmente, la educación -ante el valor imperante de lo económico y material- ha quedado subordinada ante el mismo de manera que no se educa -en realidad y contra lo que el discurso oficial dice promover-  para el desarrollo de la persona y sociedad, sino para seguir perpetuando el crecimiento y desarrollo económico lo que en un contexto neoliberal es igual al desarrollo de las empresas. Lo dicho anteriormente es más grave en las sociedades cuyo capitalismo es dependiente de las grandes economías con empresas transnacionales pues la enajenación no solo es a nivel “teórico”, sino que tiene una afectación social donde los pobres se hacen más pobres, lo ricos más ricos, y se acrecienta la insatisfacción de los sectores populares que no reciben los supuestos beneficios del progreso económico.


 El mismo término competencia indica una presión externa que obliga al sujeto a adaptarse a algo. En efecto, la presión externa viene de las empresas que necesitan esta mano de obra capacitada pero enajenada, que puedan sacarles el jugo a sus trabajadores y poner a su disposición lo mejor de que ellos tienen para fines ajenos a los mismos trabajadores pero en pos de la promesa de un mejor futuro si la empresa triunfa en los negocios. La manera de lograrlo: la educación.


Ante dicha realidad es necesaria la enseñanza de la filosofía y la formación de filósofos profesionales. La filosofía ha sido desplazada ante los avances de las ciencias positivas o experimentales ante las cuales se rinde el espíritu posmoderno en su anhelo de algo más  menos estable y ante la psicología en el ámbito existencial y, sin embargo, a pesar de los innumerables avances, su humilde servicio será siempre necesario pues es la única disciplina que enseña realmente a saber ser (supuesto fundamento del modelo por competencias, aunque en realidad lo subordina al saber hacer), fundamenta tanto a las ciencias experimentales como las sociales, critica los supuestos establecidos, enseña a pensar pero también a buscar la verdad, tan buscada por todos pero tan ahogada por el escepticismo y relativismo. Hoy, más nunca, es necesaria la filosofía.


REFERENCIAS

Benedicto XVI. (2005) Deus caritas est. México D. F.: Basilio Nuñez

Fromm, E. (2000) El arte de amar. México D. F.: Paidós

Navarro, A. (2007) El yugo liberal en México. México D. F.: Minos

Pretelín, F. (2012) Referéndum Twitter. México D. F.: Coyoacán

Rojas, E. (1992) El hombre Light, una vida sin valores. México D. F.: Booket

Yurén, M. (2011) La filosofía de la educación en México. México D. F.: Trillas

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